15 de noviembre de 2019

Réplicas

Extraño cuando las cosas sucedían porque sí, espontáneas y efímeras


Desde la llegada de los “teléfonos inteligentes” el alarde ha sido la bandera de los que disfrutan "compartiendo" sus interesantes vidas a expensas de un probable vacío e infelicidad. Lo de hoy es la perfección, el éxito, los ascensos laborales, los viajes, lo restaurantes, los tragos, a quién sigo y con quién me junto. Detrás de cada foto grupal que se etiqueta en la red, hay dos o tres personas que no se soportan pero posan porque no tenían opción.

Digitalmente, me declaro muerto.

Por cuestiones laborales, conservo Facebook. Pese a que me esmero por generar contenido, a la masa le encanta la basura, así como escupirles la cara con su consentimiento.

Me cuesta lidiar con eventos tan banales como la graduación de un niño del kinder, la revelación del sexo de un bebé, el fin de semana en Cuernavaca, la entrega de anillos de compromiso en los escenarios más cursis y en las condiciones más ridículas, gente jurando amor cuando se sabe que el novio rentó unas putas en su último viaje, las idas a conciertos a grabar el setlist, los aniversarios de amistad, la selfie con mil filtros en el coche, porque obviamente todo debe tener una connotación relativa al poder adquisitivo, no es lo mismo postear desde un Chevy que de un Mercedes, no es lo mismo postear desde Antara que de un vagón del metro.

Las réplicas de todos estos comportamientos atizan la competencia de los grupos de amigos, donde los débiles de mente intentan mejorar la experiencia del baboso que lo hizo primero, porque este lo vio de otro zoquete, y así sucesivamente, creando una cadena de eventos carentes de originalidad. Ahí van, celebrando cada paso de su vida, saturando los servidores, consumiendo tanta energía que podría generarle luz a una comunidad necesitada.

A todo esto, sumemos los recordatorios que se activan cada año para señalar qué estabas haciendo y con quién, me parece un mecanismo cruel de degradación, porque si no has hecho nada con tu vida, la acción solo refrenda que sigues en el agujero.

Con toda esta tormenta, lo único que se me ocurre es edificar el monumento al fanfarrón, a la carencia de significados y al botón de silenciar.

26 de junio de 2019

El Hombre del Cromagnon

El presentador del bar toma lo que queda de un micrófono, lo golpea un par de veces y con tono de presentador de putero, anuncia: “con más pinta de borrachos que de drogadictos ¡Le damos la más cordial bienvenida al Hombre del Cromagnon!

Se abre la cortina roja con mucho hielo seco de por medio. El predecesor del homo sapiens da un paso sobre la duela y se asoma, desde la profundidad de las cavernas, rupestre en su forma de tocar, poco fino con las cuerdas del bajo eléctrico, lo conecta, en ese amplificador “Crate” lleno de moho. Después hace su aparición el disruptor de la estética occidental, afilado e insolente, no sabe si esta noche tocará la guitarra o la batería, tambaleante, se sienta en un tronco que sirve de banco y pone su pie en el bombo.

El público anonadado los observa, la multitud se vuelve una, impávida ante su imperfección, frente a sus pliegues y deformaciones.

“Cromi” (Hombre del Cromagnon de cariño) se acerca al micrófono y dice (en lenguaje poco articulado): "Bienvenidos, somos los Cromi Stones"... toca un Fa, luego un Do, cierra con un La. Las notas más crudas creadas por alguien que apenas domina el uso del pulgar.
Su compañero, al que apodan “el FEO” intenta cachar en el "uno" porque según se comió “un ajo” antes de subirse, otros dicen que lo vieron echarse un toque, mientras que muchos aseguran que eso de las drogas es ficción, que simplemente lo inventa para conservar su fachita.
Su novia, la que se rapa por diversión, va llegando después de recuperarse de la cirugía láser en la que le corrigieron 10 dioptrías. Ella creía que tenía un portento, era casi ciega, pero ya no lo es. FEO le lanza miradas y ella no lo reconoce entre de los platillos rotos y el banco de tronco que Cromi talló con sus manos, esas que se niegan a la evolución, que se aferran a La Era de Piedra, con las uñas llenas de tejido muerto.
Terminan su primer acto en un ambiente ensordecedor, los cables se entrelazan en los pies descalzos de Cromi, quien con su túnica de mamut, da las gracias mientras golpea su pecho recordando a sus ancestros. FEO cae rendido, él solo ve luces y a su novia diciéndole: "Se acabó, no sabía que eras tan FEO"...

FEO rompe en llanto, se levanta y ve su reflejo en el plástico del bombo, queda perplejo, apenas se da cuenta que lo que escucha es verdad. Cromi se acerca, lo abraza y lo saca del escenario como si hubiera recogido un trapo.

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El telón se cierra y apagan la luz.

Apesta

Dicen que soy un pintor mediocre. Nunca seguí las reglas. No pienso, solo improviso. La inspiración me parece un término absurdo. Siempre me...