12 de noviembre de 2020
10 de noviembre de 2020
Cromirimbos
Una tarde de verano, Cromi montaba un equino, porque los bisontes eran difíciles de domar debido a sus lomos protuberantes; él ya lo había intentado, por eso lo menciono, al darse cuenta de la poca ergonomía, y después de muchas caídas, optó por los ancestros de los caballos como su medio de transporte. Cabalgaba como saeta, el aire acariciaba su pecho peludo, su cara ancha, nariz estrecha y mandíbula robusta.
Se detuvo súbitamente porque su trasero no aguantó tanto zangoloteo, los pelos de sus nalgas se enredaron y se desprendían dolorosamente, ¡¿Qué hice para merecer esto?! Exclamó en el lenguaje de la época, que más o menos sonaría así: ¡Aghgggsnn ñññssshhgg agrrrgg aahghhg!
Con su lamento atrajo la atención de unos pránganas que no dudaron en abalanzarse para darle baje con la bestia. Mientras se arrancaba las últimas madejas del ano, Cromi suprimió el dolor y se puso en trance para volverse uno mismo con el animal, su danza era violenta pero efectiva, daban patadas en todas direcciones hasta que eliminaron a sus contrincantes.
Desde entonces, Cromi y su inseparable amigo son el azote de los malosos y abusivos, el justiciero del trasero liso, el precursor de la equitación con depilación, un servicio que actualmente sería el favorito de las estrellas de Hollywood.
Los vecinos
Ya no los aguantaba, todos los días era lo mismo. A las 5:35 a.m. comenzaban los azotes, los gritos, actuaban como si fueran los únicos. A través de los muros huecos escuchaba la vibración de sus celulares. Después venían los ataques de tos del viejo que tiraba las colillas de sus cigarros en mi jardín. Salían como a las seis y el estruendo regresaba con el noticiero de las diez. Recolecté colilla por colilla y las mezclé con mis sobras de comida para alimentar al perro que tenían amarrado en la azotea. Soporté 708 días bajo esa rutina, que no era mía pero se volvió una sola. No dormía, sentía que vivían conmigo. Aunque limpiaba todo, el olor no desaparecía. Lo decidí hasta el día 723, cuando abrieron la puerta, todos quedamos en silencio.
30 de octubre de 2020
No sabemos nada. En el sótano. Apretujados. Al unísono. Cimbra todo. Cimbra el alma. Enjambre siniestro. Lejano y cercano. Seguimos sin saber. Escondidos. Se escuchan cerca. Más que ayer. El polvo. Las grietas. Luz de sol. Luz de luna. Seguimos aquí. Sin ver. Únicamente el sonido. El estruendo ¿Será verdad? Se aproximan. Estamos todos. Retumba. Las ratas corren. Madera quebradiza. Paredes rotas. Grietas que hablan. Cuatro familias. Pocos amigos. Los que sí. Los que no. Los que murieron. Los que se pudren. Un último abrazo. Un último beso. Sin energía. El mensaje trunco. La radio rota. Harapos rancios. Maletas vacías. Comida escasa. El agua escurre. Llueve ¿Será el final? Arriba lo saben. El miedo también. No sabemos cuántos. Qué importa. Poco importa ¿Vivir o morir? Ya están aquí. Caen. Cerremos los ojos.
28 de octubre de 2020
Los Cromirrítmicos
En un día cualquiera del Paleolítico Superior, El Cromi usaba como espejo un charco para quitarse las lagañas, todavía no se usaban los cepillos de dientes, así que miles de bacterias vivían felices en su sarro. 24 horas antes se había chingado un mamut a puño limpio, con sus manos toscas, imperfectas, como los muros de la caverna donde solía dibujar sus hazañas con los Prismacolor de la época.
En su humilde morada había un eco bastante peculiar, como si mezclaras eco con "delay" en un amplificador Peavey de 30 watts. Cromi se divertía gimiendo, gritando y haciendo ruidos; en su inocente percepción, creía que alguien le contestaba en lo más profundo de la cueva, por lo que comenzó a obsesionarse con esa actividad sin saber que estaba fundando el primer proyecto solista de la historia.
El mamut comenzó a pudrirse porque El Cromi no comía mientras improvisaba, solo se refrescaba absorbiendo la humedad de las paredes. En su pico creativo, lanzó piedras en la oscuridad, tomó los huesos de su último trofeo y los apiló, en lo que probablemente fuera la primer marimba creada por el hombre, del Cromagnon, porque de Neandertal no tenía nada.
Al no existir manera de registrar el sonido, todo lo guardaba en su mente, obtusa, con el cerebro operando a su máxima capacidad ¿Por qué no llamarlo Cromo sapiens?
Un mes después había memorizado cada secuencia, golpe a golpe. Sus ensambles mostraban una mejora en la técnica, aunque la habilidad de sus pulgares lo frustraban bastante. Cromi floreció como el Juan Gabriel de la época, "cantándole" a los insectos, a las bestias y a las bayas venenosas, hasta que repentinamente parte de sus neuronas colapsaron y dejaron de producir dopamina. De la fluidez y la soltura original, comenzó a tullirse, a tener temblores en las manos; su lengua parecía gobernada por un reggaetonero marihuano. Cromi no encontraba respuesta, simplemente asumió una evolución en su sonido, de blancas y negras a Cromiseisavos frenéticos.
El deterioro fue tal, que sus "instrumentos" le eran insuficientes, ya no creaba con la misma emoción, porque esta le había sido arrebatada por movimientos involuntarios; ese tercer integrante, lo jodió todo. En un pequeño lapso de control decidió ponerle fin a su carrera artística, azotándose con tal fuerza, que lo último que resonó en el recinto, fue el crujir de su cráneo.
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