Una tarde de verano, Cromi montaba un equino, porque los bisontes eran difíciles de domar debido a sus lomos protuberantes; él ya lo había intentado, por eso lo menciono, al darse cuenta de la poca ergonomía, y después de muchas caídas, optó por los ancestros de los caballos como su medio de transporte. Cabalgaba como saeta, el aire acariciaba su pecho peludo, su cara ancha, nariz estrecha y mandíbula robusta.
Se detuvo súbitamente porque su trasero no aguantó tanto zangoloteo, los pelos de sus nalgas se enredaron y se desprendían dolorosamente, ¡¿Qué hice para merecer esto?! Exclamó en el lenguaje de la época, que más o menos sonaría así: ¡Aghgggsnn ñññssshhgg agrrrgg aahghhg!
Con su lamento atrajo la atención de unos pránganas que no dudaron en abalanzarse para darle baje con la bestia. Mientras se arrancaba las últimas madejas del ano, Cromi suprimió el dolor y se puso en trance para volverse uno mismo con el animal, su danza era violenta pero efectiva, daban patadas en todas direcciones hasta que eliminaron a sus contrincantes.
Desde entonces, Cromi y su inseparable amigo son el azote de los malosos y abusivos, el justiciero del trasero liso, el precursor de la equitación con depilación, un servicio que actualmente sería el favorito de las estrellas de Hollywood.
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Si me agarras el tiliche me pongo fetiche