28 de octubre de 2020

Los Cromirrítmicos


En un día cualquiera del Paleolítico Superior, El Cromi usaba como espejo un charco para quitarse las lagañas, todavía no se usaban los cepillos de dientes, así que miles de bacterias vivían felices en su sarro. 24 horas antes se había chingado un mamut a puño limpio, con sus manos toscas, imperfectas, como los muros de la caverna donde solía dibujar sus hazañas con los Prismacolor de la época.

En su humilde morada había un eco bastante peculiar, como si mezclaras eco con "delay" en un amplificador Peavey de 30 watts. Cromi se divertía gimiendo, gritando y haciendo ruidos; en su inocente percepción, creía que alguien le contestaba en lo más profundo de la cueva, por lo que comenzó a obsesionarse con esa actividad sin saber que estaba fundando el primer proyecto solista de la historia.

El mamut comenzó a pudrirse porque El Cromi no comía mientras improvisaba, solo se refrescaba absorbiendo la humedad de las paredes. En su pico creativo, lanzó piedras en la oscuridad, tomó los huesos de su último trofeo y los apiló, en lo que probablemente fuera la primer marimba creada por el hombre, del Cromagnon, porque de Neandertal no tenía nada.

Al no existir manera de registrar el sonido, todo lo guardaba en su mente, obtusa, con el cerebro operando a su máxima capacidad ¿Por qué no llamarlo Cromo sapiens?

Un mes después había memorizado cada secuencia, golpe a golpe. Sus ensambles mostraban una mejora en la técnica, aunque la habilidad de sus pulgares lo frustraban bastante. Cromi floreció como el Juan Gabriel de la época, "cantándole" a los insectos, a las bestias y a las bayas venenosas, hasta que repentinamente parte de sus neuronas colapsaron y dejaron de producir dopamina. De la fluidez y la soltura original, comenzó a tullirse, a tener temblores en las manos; su lengua parecía gobernada por un reggaetonero marihuano. Cromi no encontraba respuesta, simplemente asumió una evolución en su sonido, de blancas y negras a Cromiseisavos frenéticos.

El deterioro fue tal, que sus "instrumentos" le eran insuficientes, ya no creaba con la misma emoción, porque esta le había sido arrebatada por movimientos involuntarios; ese tercer integrante, lo jodió todo. En un pequeño lapso de control decidió ponerle fin a su carrera artística, azotándose con tal fuerza, que lo último que resonó en el recinto, fue el crujir de su cráneo.

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